Íbamos en el auto. Auto chico, mucha gente. Cinco adultos, un adolescente y dos niños en la valija. Mirando para afuera. Vueltas, comentarios, chistes. Esas ganas de llegar rápido para que la gente no vaya incomoda. Como para terminar bien una buena jornada entre amigos y nuevos conocidos. En el fondo, un
fueguito inquieto no dejaba de hablar. En un silencio adulto se escucha:
-Vi una estrella fugaz. Era una estrella fugaz. Vi una estrella fugaz.
Comenta entre sorprendido y risueño.
El papá no se quedó con las ganas:
- Y bueno, pedí un deseo.
Silencio, tres o cuatro segundos. Confieso que todos
queríamos saber que pasaba por esa
cabecita, o bien,
apostábamos a nuestros propios sueños incumplidos.
Con la misma voz risueña se escucha claro y firme:
- Que toda la gente sea buena.
Tiene 5 años. Se llama
Santiago y es de
Sayago.
A mi, me ganó el corazón.
Comentarios
El botija igual quedó medio bajoneado porque Agustina se quedó dormida en la mitad de la cita.
Yo le dije: "tranquilo, no podés pretender que compartan los plumonitos a la primera salida. Dale tiempo para que procese y trabajate un niño sensible que cuando te quieras acordar te pide prestado el reloj de Ben 10".
eso si, en la valija